EL CAMBIO NECESITA ACCIÓN

EL CAMBIO NECESITA ACCIÓN

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El único límite que existe para cambiar una situación somos nosotros mismos, ya sea porque creemos que no se puede o porque pudiendo cambiar las cosas que no nos gustan no hacemos nada al respecto y no entramos en acción.

Hablemos un poco de eso de no creer en que las cosas se pueden cambiar. Yo no sé si siempre las cosas se puedan cambiar, lo que sí se es que siempre hay algo que nosotros podemos hacer para contribuir a que las cosas cambien; el problema es que siempre nos estamos enfocando en el resultado y no en el proceso y/o siempre pensamos que el poder para transformar algo está en cabeza de algo/alguien externo y no nos damos cuenta que ese poder está, precisamente, dentro de nosotros. Y cómo, si pensamos lo anterior, no vamos a creer que es imposible?, cuando modificar algo no está en nuestras manos o en la esfera de nuestras posibilidades es muy difícil que eso se pueda dar, salvo que apelemos a que todos los astros se alineen y el universo conspire en nuestro favor y nos haga el milagrito (y aunque soy de las que creo que efectivamente los astros se pueden alinear y el universo puede conspirar en nuestro favor, bajo ciertas circunstancias, también creo que es mucho más efectiva la fórmula de hacer que las cosas pasen por nosotros mismos) .

Por otra parte, si nos enfocamos en el proceso y no en el resultado, nos daríamos cuenta de que podemos ser parte de ese proceso y podríamos contribuir con el mismo; así, ya no estaríamos solo esperando el resultado (que jamás podrá depender de nosotros) sino estaríamos involucrados haciendo por lo menos algo para poder obtener ese cambio que queremos. Lo mismo seria si tomáramos responsabilidad de nuestra vida y de lo que queremos y dejáramos de pensar que el poder para transformar las cosas no está en nosotros; si creyéramos todo lo contrario, que el poder si está en nosotros, pues haríamos uso de ello y nos pondríamos “manos a la obra”. No es cierto entonces que las cosas no se puedan cambiar, si nos vemos como parte de la solución seguro podríamos contribuir con ella, pero hasta que no paremos de creer que el cambio viene de afuera y no de adentro, efectivamente nos sentiremos maniatados sin hallar la forma de generar los cambios que queremos (el problema siempre está adentro, por lo tanto, la solución debe provenir de ahí mismo).

Es entonces bajo este panorama que aparece la segunda cuestión: pudiendo cambiar las cosas que no nos gustan no hacemos nada al respecto y no entramos en acción. Ya vimos como si podemos hacer algo, lo que pasa es que, muchas veces, cuando ya hemos encontrado la forma de hacer que los cambios sucedan, también somos muy cómodos y no nos gusta hacer ningún esfuerzo; y aquí si mis queridos lectores es cuando debemos darnos cuenta que somos adultos y que lo que no hacemos por nosotros mismos nadie lo va a hacer por nosotros y que, además, las cosas no suceden solas, si no nos ponemos en acción el resto tampoco se va a mover. ¿Si nosotros mismos no creemos que vale la pena hacer algo para salir de la situación en la que estamos, y que no nos gusta para nada, entonces por qué las cosas habrían de cambiar, si al final no vale la pena.

La responsabilidad de empezar a hacer algo y de creer que las cosas se pueden modificar, en cualquier caso, es de nosotros. Si la tomamos, la aceptamos y la gestionamos correctamente entonces nuestra vida será otra. ¡Créanme, esta fórmula no tiene pierde!

*Foto por JANNIK SELZ

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