PACIENCIA, TIEMPO, DESICIÓN Y ACCIÓN.

PACIENCIA, TIEMPO, DESICIÓN Y ACCIÓN.

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Los cambios que necesitamos hacer para lograr aquellas cosas que queremos en la vida, ya sea a nivel físico, mental, espiritual, etc., muchas veces no son tan fáciles e implican no solo una cantidad considerable de coraje y valentía, sino también requieren de nuestro poder de decisión, tiempo y paciencia.

Para llegar a donde queremos estar generalmente tenemos que recorrer un camino, éste será en ocasiones largo y en otras corto pero lo cierto es que, salvo contadísimas excepciones, no podemos llegar hasta allá inmediatamente. Teniendo esto en cuenta, tenemos que llenarnos de paciencia para no desfallecer en la marcha, entre otras cosas porque todo lo que ese camino nos trae (a veces duro, a veces no tanto) hace parte de nuestro aprendizaje y preparación para llegar listos a donde queremos llegar, pues el solo hecho de querer llegar no significa que estemos listos para eso y si llegamos antes de tiempo tal vez no podamos “manejarlo”. Este camino también es necesario para saber qué tanto queremos llegar a nuestro destino, pues muchas veces recorriéndolo cambiamos de opinión y nos damos cuenta de que el destino que nos hemos fijado ya no vale la pena o no queremos realmente ir.

También hay que tener mucha paciencia pues lograr lo que queremos requiere tiempo, el tiempo es un recurso que debemos saber utilizar pues entre más lo desperdiciemos más nos demoraremos en conseguir la meta; y debemos ser también muy cuidadosos en qué, cómo o con quién lo invertimos y si realmente esa inversión nos va a llevar al destino que hemos elegido ya que muchas veces queremos utilizar nuestro tiempo en cosas que, aunque nos traen placer, lo único que hacen es dilatar el proceso y el proceso, aunque también tiene un determinado tiempo para llevarse a cabo, que por más que queramos no podemos adelantar, si puede sufrir retrasos causados por nosotros mismos.

Y por último, pero no menos importante, está nuestro poder de decisión, recurso fundamental que debemos utilizar todos los seres humanos para alcanzar lo que nos hemos propuesto. El poder de decisión tiene una gran relevancia en el logro de nuestras metas pues sin este careceríamos de la herramienta básica que nos lleva a tomar acción, pero este poder de decisión puede ser un arma de doble filo y hay que saber utilizarlo de manera consciente pues de nada te sirve tenerlo si lo vas a utilizar en tu contra. Para utilizar el poder de decisión de forma consciente debes saber qué estás eligiendo y el por qué y para qué lo estás eligiendo, pero también es muy importante saber desde donde estas eligiendo, es decir, lo que te motiva a hacerlo pues debes tener en cuenta que así como hay decisiones constructivas también hay decisiones destructivas.

*Foto por Lachlan Donald

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SOBRE LA OPINIÓN Y LOS CAMBIOS

SOBRE LA OPINIÓN Y LOS CAMBIOS

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Los cambios, benditos cambios, son necesarios.

Hoy me gustaría escribir sobre los cambios de opinión tan cuestionados por muchos de nosotros.

Cuando alguien habla, sea amigo, familiar, conocido, político, etc. y da su opinión con respecto a un tema en específico, los que oímos quedamos con la idea de que eso es “palabra de dios” y que la persona se tiene que quedar con esa forma de ver las cosas eternamente y llevársela a su tumba, pues si después llega a hablar sobre el mismo tema, desde otro punto de vista, lo tildamos de falso, “voltiarepas”, que no es de fiar y quien sabe qué cosas más.

Está bien, yo sé y entiendo que hay gente conveniente que cambia de opinión según sus intereses, pero eso no quiere decir que todo el mundo que cambia de opinión lo sea. Es más, creo que cambiar de opinión debería ser, si no bien visto, por lo menos no mal visto. La gente cambia, sus experiencias cambian, la gente aprende y va adquiriendo más información, lo absurdo y lo que debería ser “mal visto” es que aún cuando la persona tiene más herramientas, más conocimiento y más experiencia nunca cambiara su punto de vista. Si uno no está actualizando lo que piensa y la manera de ver las cosas entonces, ¿cómo evoluciona? Si uno no expande sus propios límites, su propia visión de las cosas, ¿cómo tiene una mejor vida?

Y no, no digo que la regla general sea siempre cambiar de opinión (que no creo que esté para nada mal) pero sí creo que deberíamos dejar de juzgar a la gente que lo hace simplemente porque nos da miedo el cambio y no somos capaces de ver diferentes puntos de vista. Si nos parece “sospechoso” que alguien cambie de opinión, por lo menos deberíamos darle la oportunidad de explicarnos por qué lo hizo, podríamos preguntarle sus razones en vez de saltar a conclusiones apresuradas, ¡tal vez nos sorprendamos y hasta podamos aprender algo nuevo!

*Foto por Arnaud Papa

MÁS SENCILLO DE LO QUE PARECE

MÁS SENCILLO DE LO QUE PARECE

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La mayoría de veces en las que oímos la palabra cambio nos asustamos, es como si estuvieran nombrando quien sabe qué cosa terrible y espantosa sin ni siquiera darnos la oportunidad de conocer por lo menos de lo que se trata y sus implicaciones. ¿Por qué será que es tan aterrador el cambio, si como dicen por ahí, es lo único constante?

No importa cuántos cambios haya en nuestra vida, por cuantos hayamos pasado y cuentos vengan; si son sutiles y nadie pronuncia la palabra “indebida” no se hacen tan graves, pero una vez se hace explícito y se dice que lo que sucederá es un cambio, muchas veces nuestra mente hace corto circuito y se siente en peligro, o por lo menos ve que lo que se viene va a ser difícil.

Los cambios no siempre son “malos”, incluso muchos de los que se ven terribles y parecen ser el “acabose” terminan por beneficiarnos, ¡y de qué manera! Muchos de los cambios que se nos presentan en la vida son positivos, por lo menos nos ayudan a abrir los ojos frente a ciertas situaciones que hemos tenido al frente durante mucho tiempo y no hemos sido capaz de ver. Los cambios justamente son para eso, para que crezcamos, para que aprendamos, para que evolucionemos. Los cambios, por drásticos que parezcan, no suelen ser devastadores, lo que es realmente devastador es nuestra actitud frente a ellos, la manera como los tomamos y vivimos.

Si viéramos el cambio como algo positivo, como un paso necesario dentro del proceso de vivir, tal vez nuestra vida sería más sencilla y estaríamos más dispuestos a aceptar que a veces, querámoslo o no, las situaciones y las personas dan un giro inesperado y que eso no necesariamente va a jugar en nuestra contra. Abrámonos al cambio y recibámoslo con tranquilidad, tal vez si lo vemos así éste sea el mejor de los huéspedes y no sea un invitado que nos haga sentir incómodos.

*Foto por Tanner Vines

EL TERRITORIO NO CONQUISTADO

EL TERRITORIO NO CONQUISTADO

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Cambiar no es fácil, estamos tan acostumbrados a lo que somos que cualquier intento de hacerlo nos pone en alerta de muerte y saltamos a protegernos contra ese enemigo inminente, contra eso que creemos que nos quiere matar y entonces sacamos nuestro mejor armamento y nuestro mejor escudo reafirmándonos en lo que somos y haciendo más fuerte esa parte de nosotros que se quiere transformar. La paradoja es que eso que creemos que es nuestro enemigo no es otra cosa que aquel maestro que quiere para nosotros lo mejor, nuestra conciencia; y eso que vemos como un poderoso escudo de protección (nuestro ego) es aquello que nos lleva a la muerte, lo que precisamente no queremos.

La consciencia, a eso que algunos llaman Dios interior o Yo superior, siempre está tratando de evolucionar y de llevarnos a niveles elevados en nuestra experiencia humana y la única forma que tiene para hacerlo es mediante la transformación, el cambio, pero generalmente vemos ese cambio como una muerte segura y es por eso que le tenemos tanto miedo. Y si, tal vez los cambios signifiquen muerte, una muerte simbólica, pero lo que no estamos contemplando en el panorama, que es lo que hace que la ecuación cambie completamente, es que si a esa muerte le agregamos voluntad y hacer las cosas de manera consciente, el resultado no puede ser otro diferente a la reinvención de nosotros mismos, a un renacer, entonces esa muerte deja de ser algo trágico para convertirse en aquello que nos hace explotar todos nuestros potenciales y en el vehículo que nos lleva a vivir en plenitud.

Enfrentemos ese miedo que nos produce el cambio, pues éste tiene una función que es señalarnos la dirección del crecimiento personal; si algo nos da miedo es porque es justamente eso lo que debemos afrontar y no evadir. El miedo nos hace ver nuestras propias limitaciones, el territorio no conquistado de nosotros mismos para que nos podamos expandir, pues es justamente así que crecemos, no solo nosotros mismos sino también todos a nuestro alrededor.

*Foto por Jordan Ladikos

EL CAMBIO NECESITA ACCIÓN

EL CAMBIO NECESITA ACCIÓN

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El único límite que existe para cambiar una situación somos nosotros mismos, ya sea porque creemos que no se puede o porque pudiendo cambiar las cosas que no nos gustan no hacemos nada al respecto y no entramos en acción.

Hablemos un poco de eso de no creer en que las cosas se pueden cambiar. Yo no sé si siempre las cosas se puedan cambiar, lo que sí se es que siempre hay algo que nosotros podemos hacer para contribuir a que las cosas cambien; el problema es que siempre nos estamos enfocando en el resultado y no en el proceso y/o siempre pensamos que el poder para transformar algo está en cabeza de algo/alguien externo y no nos damos cuenta que ese poder está, precisamente, dentro de nosotros. Y cómo, si pensamos lo anterior, no vamos a creer que es imposible?, cuando modificar algo no está en nuestras manos o en la esfera de nuestras posibilidades es muy difícil que eso se pueda dar, salvo que apelemos a que todos los astros se alineen y el universo conspire en nuestro favor y nos haga el milagrito (y aunque soy de las que creo que efectivamente los astros se pueden alinear y el universo puede conspirar en nuestro favor, bajo ciertas circunstancias, también creo que es mucho más efectiva la fórmula de hacer que las cosas pasen por nosotros mismos) .

Por otra parte, si nos enfocamos en el proceso y no en el resultado, nos daríamos cuenta de que podemos ser parte de ese proceso y podríamos contribuir con el mismo; así, ya no estaríamos solo esperando el resultado (que jamás podrá depender de nosotros) sino estaríamos involucrados haciendo por lo menos algo para poder obtener ese cambio que queremos. Lo mismo seria si tomáramos responsabilidad de nuestra vida y de lo que queremos y dejáramos de pensar que el poder para transformar las cosas no está en nosotros; si creyéramos todo lo contrario, que el poder si está en nosotros, pues haríamos uso de ello y nos pondríamos “manos a la obra”. No es cierto entonces que las cosas no se puedan cambiar, si nos vemos como parte de la solución seguro podríamos contribuir con ella, pero hasta que no paremos de creer que el cambio viene de afuera y no de adentro, efectivamente nos sentiremos maniatados sin hallar la forma de generar los cambios que queremos (el problema siempre está adentro, por lo tanto, la solución debe provenir de ahí mismo).

Es entonces bajo este panorama que aparece la segunda cuestión: pudiendo cambiar las cosas que no nos gustan no hacemos nada al respecto y no entramos en acción. Ya vimos como si podemos hacer algo, lo que pasa es que, muchas veces, cuando ya hemos encontrado la forma de hacer que los cambios sucedan, también somos muy cómodos y no nos gusta hacer ningún esfuerzo; y aquí si mis queridos lectores es cuando debemos darnos cuenta que somos adultos y que lo que no hacemos por nosotros mismos nadie lo va a hacer por nosotros y que, además, las cosas no suceden solas, si no nos ponemos en acción el resto tampoco se va a mover. ¿Si nosotros mismos no creemos que vale la pena hacer algo para salir de la situación en la que estamos, y que no nos gusta para nada, entonces por qué las cosas habrían de cambiar, si al final no vale la pena.

La responsabilidad de empezar a hacer algo y de creer que las cosas se pueden modificar, en cualquier caso, es de nosotros. Si la tomamos, la aceptamos y la gestionamos correctamente entonces nuestra vida será otra. ¡Créanme, esta fórmula no tiene pierde!

*Foto por JANNIK SELZ

UN PASO A LA VEZ

UN PASO A LA VEZ

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En muchos momentos de nuestra vida, en los que el tedio y la inconformidad se apoderaban de nosotros sin permitirnos ver una salida, nos imaginamos que la única opción que tenemos es la de hacer grandes y radicales cambios para empezar a sentirnos bien y diferente. Es en estas situaciones cuando nuestra mente/ego empieza a divagar en el mundo de las exageraciones haciéndonos ver que la única salida que tenemos es transformar nuestra vida y transformarnos a nosotros mismos casi que 180 grados para que nos desanimemos y lo veamos imposible, pues al ego le gusta controlarlo todo y mantenernos bajo su mando en la zona de confort que es la que nos hace tanto daño. Lo grave es que la mayoría de veces terminamos creyéndole a nuestro ego y lo único que hacemos es hacernos cualquier cantidad de videos en los que imaginamos ser otras personas y hacemos otras cosas, pero sabemos que son solo eso, videos que no seremos capaces de llevar a cabo en nuestra vida pues los vemos muy lejanos y difíciles de alcanzar; esto lo único que hace es generarnos más ansiedad de la que ya tenemos y nos arrastra a una desesperación peor de la en que ya estamos.

Las preguntas que podemos hacernos, en principio por lo menos, en ese momento donde vemos todo “negro” y nos sentimos incapaces de hacer algo al respecto son: (i) ¿dónde, quién y cuándo nos dijeron que cambiar nuestra vida solo era posible mediante grandes cambios? (ii) ¿en qué momento y por qué decidimos creer eso? (iii) ¿es realmente cierto que para cambiar nuestra vida necesitamos cambios radicales o podemos empezar con cosas pequeñas para llegar a cosas grandes?

En realidad, yo creo que, aunque a veces de hecho si necesitamos hacer cambios radicales si o si para dejar una situación que nos agobia, la mayoría de las veces podemos cambiar nuestra realidad modificando solo ciertos aspectos de nuestra vida; y es que la vida está hecha de eso, de constantes pequeños cambios así no los percibamos. De esas pequeñas modificaciones que vamos haciendo en nuestro comportamiento, forma de ver las cosas, forma de reaccionar, etc. es que poco a poco vamos generando los grandes cambios que queremos ver; pero, así como una ciudad no se construye de un día para otro, nosotros tampoco podemos modificar nuestra vida de la misma forma. En general, aunque toda regla tiene su excepción, todo tiene un proceso y las cosas deben hacerse paso a paso, pero si no damos el primer paso no podemos esperar llegar a nuestro destino (cambiar nuestra vida).

Con respecto a lo anterior tenemos entonces las siguientes opciones (i) empezar a dividir ese gran cambio que esperamos que nos suceda en pequeñas partes, (ii) una vez dividido escoger una de las partes para empezar, (iii) una vez elegida la parte se debe crear un plan de acción que nos permita hacer algo al respecto y mejorar el tema, (iv) después de hacer el plan de acción se debe empezar a ejecutar y debemos ponernos en acción para modificar lo que esté en nuestras manos y empezar a transformar esa parte de la situación, (v) una vez puesta en marcha la estrategia para cambiar esa parte de la situación se debe empezar con otra de las partes de la misma y se debe seguir el mismo procedimiento descrito anteriormente y, (vi) así sucesivamente con cada una de las partes. Y al final, cuando ya hayamos generado esos movimientos y cambios en cada una de las diferentes partes, VOILA: el gran cambio aparece en el panorama, casi que, sin darnos cuenta, de una forma tan sutil pero tan efectiva que nuestra vida ya no será la misma.

Yo sé que como seres humanos muchas veces queremos todo YA, pero una parte de madurar también es saber que las cosas, sobretodo generar grandes cambios, necesitan tiempo y de nuestra voluntad y acción para llevarse a cabo. Y así como queremos todo ya, también debemos saber que está en nuestras manos empezar ya mismo o dilatar el proceso… La demora únicamente depende de nosotros. Y tú, ¿qué estás esperando?

*Foto por JAKE HILLS

TAN ANHELADOS Y TAN TEMIDOS

TAN ANHELADOS Y TAN TEMIDOS

Cambios

Los cambios: tan anhelados, pero también tan temidos…

La mayoría de veces nos encontramos en alguna de estas dos situaciones:

La primera situación es cuando estamos aburridos de nuestra vida tal y como está en determinado momento, queremos acción, queremos que pasen cosas diferentes, nos gustaría que alguien o algo llegara y que, como por arte de magia, nuestra situación cambiara de la noche a la mañana. En este caso, por lo general, lo que hacemos es ponernos a pensar en una vida diferente, nos hacemos tremendos videos de los cambios que queremos que sucedan, nos imaginamos siendo otros seres casi que totalmente diferentes a lo que somos, haciendo cosas totalmente diferentes a las que hacemos. Esos cambios que hacemos en nuestra mente son un tanto radicales pues necesitamos, desesperadamente, algo que nos salve del tedio y la inconformidad que se apoderan de nosotros tan terriblemente.

La segunda situación es cuando tenemos una vida ‘normal’ en donde creemos estar bien y estamos cómodos con lo que tenemos y con nuestra rutina. En este estado generalmente no queremos que nada cambie y nos aterra pensar en hacer grandes cambios o que la vida nos obligue a hacerlos. No queremos que nada se salga del statu quo ni del control que supuestamente tenemos.

En las situaciones anteriores hay un común denominador: la mayoría los cambios que nos imaginamos en nuestra mente, ya sea porque los queremos o porque los queremos evitar, son de una magnitud importante. Es increíble como “agrandamos” todo y nos cuesta trabajo pensar en algo de proporciones adecuadas pues nos vamos siempre a los extremos ya que creemos que para generar cambios se necesitan grandes transformaciones y/o que para no cambiar la vida que “nos gusta” necesitamos que no pase absolutamente nada.

En cualquiera de los dos casos, lo cierto es que en nuestra vida siempre están pasando cosas y las mismas siempre están cambiando, lo notemos o no, lo queramos o no. En ambas situaciones la transformación de nuestro ser y/o nuestro entorno siempre está sucediendo, pero como no son cosas notorias y “exageradas”, no las hacemos conscientes y no les prestamos atención y son precisamente de esos cambios pequeños que surgen los grandes.

Siempre se nos ha dicho o alguna vez hemos oído que “en los detalles esta lo que verdaderamente importa”, tal vez si nos detuviéramos mas en esos detalles que hacen que nuestra vida sea lo que es, para bien o para mal, loas cambios o la falta de estos, no nos aterrarían tanto como lo hacen pues nos daríamos cuenta que sin necesidad de “exageraciones” podríamos hacer de nuestra vida lo que quisiéramos.

Al final, como dicen por ahí: Lo único constante es el cambio.

*Foto por Rodion Kutsaev